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La inclusión de la neurodivergencia: un compromiso pendiente hacia la Agenda 2030

La inclusión de la neurodivergencia: un compromiso pendiente hacia la Agenda 2030

En 2030, el mundo será evaluado por su capacidad de cumplir la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En esta cuenta regresiva, aún existen brechas críticas en inclusión social. Una de esas es la de las personas neurodivergentes, especialmente autistas, quienes representan un porcentaje significativo de la población y, sin embargo, siguen invisibilizadas en educación, empleo, cultura y participación ciudadana.

En países como Estados Unidos, los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), reportan que 1 de cada 6 niños está siendo diagnosticado con alguna neurodivergencia, entre las cuales están autismo, TDHA, discapacidad cognitiva, intelectual, (la prevalencia del autismo es de 1 de cada 36 niños); esto nos recuerda que la neurodiversidad no es un tema marginal: estamos hablando de millones de personas que deben ser reconocidas como parte esencial del presente y del futuro.

Sin embargo, la exclusión es alarmante. Organizaciones Como Autism Society y Autismo Europa señalan que más del 80% de las personas autistas en edad de trabajar y con formación universitaria están desempleadas o subempleadas, lo que refleja la falta de oportunidades y de ajustes razonables en el mundo laboral. El Banco Mundial ha señalado que esta exclusión tiene un impacto económico profundo: en algunos países, representa pérdidas de hasta el 7% del PIB.

Adicionalmente, crear productos y servicios pensados para las personas neurodivergentes no solo responde a un principio de inclusión, sino que constituye una gran oportunidad para dinamizar la economía. En un contexto en el que los diagnósticos de diversas formas de neurodivergencia —incluido el autismo— siguen en aumento, este mercado está creciendo y aún está poco explorado. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 1 de cada 100 personas en el mundo es autista, lo que significa que millones de consumidores y sus familias requieren soluciones adaptadas y accesibles. Atender estas necesidades no solo abre espacio a la innovación, sino que permite a las empresas generar valor social y económico al mismo tiempo.

El principio número dos de la Agenda 2030 nos recuerda que no podemos dejar a nadie atrás, eso significa que la inclusión de las personas neurodivergentes no es un acto de caridad, es un imperativo de desarrollo sostenible. El estudio Diversitty Matters de McKinsey & Company 2018 encontró que equipos diversos en los que participan personas neurodivergentes, logran mejores niveles de creatividad, innovación y resolución de problemas. La economía del futuro necesita mentes que piensan diferente.

En Colombia, iniciativas como el Sello PABLO son un paso adelante para transformar esta realidad. Este sello nace con el propósito de certificar y acompañar a empresas, organizaciones e instituciones que quieren ser inclusivas con las personas autistas. A través de formación, acompañamiento y lineamientos técnicos, PABLO ayuda a que la inclusión deje de ser un discurso y se convierta en una práctica cotidiana.

En nuestro país apenas el 0.5% de los establecimientos públicos tienen protocolos de atención para las personas neurodivergentes, esta es la razón de ser del Sello PABLO, masificar el entendimiento de los ajustes razonables para mejorar la experiencia de las personas autistas y sus familias en múltiples espacios.

La inclusión de la comunidad neurodivergente es una asignatura pendiente para honrar el espíritu de la Agenda 2030 y realmente construir futuros sostenibles en el que nadie se quede atrás.


La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.

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Jueves, 08 Enero 2026