La sucursal del cielo abrió sus puertas a una conversación urgente sobre sostenibilidad corporativa

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Por: Ángela María Gómez - Maestría en Innovación Social, Especialista en Comunicación Organizacional, y Responsabilidad Social.

La tarde caía sobre Cali, la  sucursal del cielo, mientras en los pasillos de la Universidad ICESI comenzaba una conversación que, aunque técnica en apariencia, terminaba tocando una de las preguntas más profundas que hoy enfrentan las organizaciones: cómo demostrar, con evidencia y no solo con discursos, que la sostenibilidad realmente está transformando la manera de hacer empresa.

Allí, en una ciudad atravesada históricamente por la diversidad cultural, la resiliencia social y la capacidad de reinventarse, el Pacto Global Red Colombia, EY desde el  Hub de Comunicación Responsable realizaron la tercera parada de un recorrido nacional que busca aterrizar uno de los mayores retos corporativos de esta década: comunicar los reportes de sostenibilidad sin convertirlos en documentos incomprensibles, fríos o desconectados de la realidad de las personas.

La primera conversación ocurrió en Bogotá. La segunda en Medellín. Y ahora Cali reunió a 27 representantes de empresas del Valle del Cauca para una charla que llevó un título provocador y profundamente honesto: “Cómo comunicar el reporte de sostenibilidad y no morir en el intento”.

La sesión fue liderada por Valeria Garbín, de EY, y por Ángela María Gómez, comunicadora y estratega de sostenibilidad, Coordinadora de Comunicaciones de Pacto Global Red Coolombia; quienes durante varias horas desmontaron una idea que durante años dominó el mundo corporativo: que un reporte de sostenibilidad es simplemente un requisito técnico o un documento para inversionistas.

En realidad —explicaron durante el encuentro— el reporte se ha convertido en algo mucho más complejo: una radiografía ética de las organizaciones.

Porque detrás de cada cifra ambiental, de cada indicador social o de cada dato de gobernanza, existe una pregunta silenciosa sobre la coherencia empresarial.

El taller comenzó abordando el nuevo panorama regulatorio global y latinoamericano en materia de sostenibilidad, mostrando cómo las exigencias de divulgación climática y de información ESG avanzan aceleradamente en mercados como la Unión Europea, Estados Unidos y América Latina. En Colombia, explicaron, las organizaciones enfrentan cada vez más presiones regulatorias desde entidades como la Superintendencia Financiera y la Superintendencia de Sociedades, lo que obliga a las empresas a construir reportes más verificables, comparables y transparentes.

Pero quizás el momento más relevante de la conversación llegó cuando el taller dejó de hablar únicamente de normas y empezó a hablar de confianza.

Porque uno de los conceptos centrales de la sesión fue la materialidad: la capacidad de una empresa de identificar cuáles son realmente los impactos, riesgos y oportunidades que genera sobre las personas, el medio ambiente y la economía.

Y ahí surgió una reflexión: muchas organizaciones todavía siguen reportando aquello que luce bien reputacionalmente, en lugar de reportar aquello que verdaderamente transforma —o afecta— sus territorios.

Por eso el taller insistió en que la sostenibilidad no puede construirse desde narrativas aspiracionales vacías. Necesita datos verificables, trazabilidad, evidencia y procesos internos sólidos.

Durante la charla se analizaron ejemplos concretos de industrias como minería, banca, tecnología, textiles y construcción, mostrando cómo temas aparentemente técnicos —como el uso del agua, la privacidad de datos o la diversidad en posiciones de liderazgo— terminan conectándose directamente con reputación, licencia social, riesgos financieros y confianza pública.

Uno de los mensajes que más resonó entre los asistentes fue que los reportes de sostenibilidad ya no pueden construirse desde un solo departamento.

El levantamiento de información exige coordinación entre áreas legales, financieras, ambientales, operativas y de talento humano. Requiere entender quién produce los datos, cómo se verifican, qué riesgos existen en la información y cómo garantizar trazabilidad.

En otras palabras: la sostenibilidad dejó de ser un asunto exclusivo de reputación para convertirse en un ejercicio integral de gestión organizacional.

Y quizás ahí radica la importancia de conversaciones como esta. Porque en un contexto global marcado por el aumento del escrutinio ciudadano, la desinformación y el riesgo creciente de greenwashing, las empresas ya no solo necesitan hacer sostenibilidad. Necesitan aprender a explicarla con honestidad.

La jornada también dejó ver algo más profundo: en regiones como el Valle del Cauca existe una creciente necesidad de construir capacidades locales alrededor de la sostenibilidad corporativa, la gobernanza y la comunicación responsable.

Por eso, desde el Hub de Comunicación Responsable, esta gira nacional busca abrir espacios donde las organizaciones puedan conversar no solo sobre indicadores, sino también sobre confianza, coherencia y transformación cultural.

Al cierre de la jornada, entre conversaciones de pasillo y discusiones técnicas sobre estándares internacionales, quedó una sensación compartida entre muchos asistentes: comunicar sostenibilidad no debería tratarse de producir documentos perfectos.

Debería tratarse, sobre todo, de construir credibilidad.

Y quizás por eso Cali resultó ser el escenario ideal para esta tercera conversación. Porque pocas ciudades en Colombia entienden mejor que la sostenibilidad no se construye únicamente desde las cifras, sino desde la capacidad de conectar personas, territorios y futuros posibles.

Fuente: PACTO GLOBAL RED COLOMBIA