Hace unos días tuve la oportunidad de ser parte del equipo organizador del Congreso de Pacto Global Red Colombia, como coordinadora de Comunicaciones. En este espacio, que se desarrolla con muchas actividades y que no siempre nos da tiempo de ver la agenda académica, logré escuchar la conferencia de Felipe Bayón, reconocido como uno de los grandes líderes de la industria energética a nivel global.
A Felipe lo sigo desde hace varios años, como sigo a otros líderes que me interesa escuchar para entender sus decisiones, sus aprendizajes y, sobre todo, la manera como conciben su responsabilidad frente a otros.
En esta conferencia, Felipe Bayón habló de energía, de los retos de Colombia, de sostenibilidad y de propósito. Pero hubo un momento clave para mí: cuando habló de liderazgo.
Desde mi rol como comunicadora líder en temas de sostenibilidad, llevo mucho tiempo haciéndome y haciendo preguntas en mis conferencias sobre la manera como estamos construyendo nuestros referentes.
Como comunicadora especializada en sostenibilidad, me cuesta encontrar en algunos medios económicos y empresariales un despliegue cada vez mayor de historias alrededor del éxito individual: quién factura más, quién sale en más cocteles, quién tiene la empresa que más creció, quién aparece primero en un ranking, quién tiene más seguidores. No cuestiono esos logros. Detrás de muchos de ellos seguramente existen años de trabajo, disciplina y decisiones difíciles. Lo que me pregunto es si estamos dejando suficiente espacio para hablar también de cómo se ejerce ese liderazgo.
Las redes sociales hacen todavía más compleja esa conversación. Abro mis redes y aparecen una y otra vez determinados líderes, como si yo necesitara conocer permanentemente lo que piensan, hacen o recomiendan. Y no necesariamente. Muchas veces es simplemente el algoritmo identificando aquello que probablemente me hará permanecer unos segundos más frente a la pantalla y, de esta manera, recibo una mirada segmentada del liderazgo.
Por eso prefiero buscar diferentes referentes. No creo que exista un líder perfecto ni que esté en mis manos decir cuál es el mejor liderazgo. Al contrario, creo que Colombia necesita muchísimos tipos de líderes y que ninguno tiene por qué parecerse al otro.
Precisamente, Bayón comenzó esa parte de su conferencia diciendo algo que comparto: “No existe una receta para liderar”. Cada persona debe encontrar su estilo. Hay líderes introvertidos, extrovertidos, técnicos, personas con diferentes capacidades y maneras de relacionarse. Pero no tener una receta tampoco significa que todo dé igual.
En este espacio, Bayón habló de equivocarse. Utilizó la frase de “irse a la cuneta” y reconocer que algunas veces necesitamos que alguien nos ayude a salir. Habló de vulnerabilidad y de la capacidad de pedir ayuda.
Yo soy la primera en aceptar que la labor de liderar no es perfecta. Tomamos malas decisiones, podemos interpretar equivocadamente una situación y tenemos emociones. Pero creo que el ejercicio del liderazgo sí debería tener una búsqueda permanente de coherencia, consistencia y respeto. Respeto por las personas, por los recursos que administramos y por el impacto de nuestras decisiones.
No es fácil. No somos perfectos. Pero debe existir esa motivación.
Por eso también me quedó otra frase de Bayón: “El respeto no se exige. El respeto se gana”. Y se gana a través de las acciones.
Después habló del ego y dijo que “el ego es un pésimo consejero”. Habló de las decisiones que tomamos desde la rabia, el orgullo y los resentimientos, y de la importancia de aprender a “andar liviano por la vida”.
Creo que ahí hay una conversación importante para el liderazgo contemporáneo. Porque cuanto mayor es la capacidad de decisión de una persona, mayor debería ser también su capacidad de preguntarse desde dónde está tomando esa decisión: ¿desde el propósito?, ¿desde el interés de la organización?, ¿desde el bienestar colectivo?, ¿o desde la necesidad personal de demostrar quién tiene la razón?
Y entonces Bayón contó una historia:
En una comunidad, alguna vez le dijeron: “Ingeniero, bájese de la camioneta”. “No era un cumplido”, aclaró. Lo estaban regañando. Me quedé pensando en esa camioneta. Porque todos podemos subirnos alguna vez a ella. La camioneta puede ser el cargo, el conocimiento, la experiencia, un título o simplemente la certeza de creer que sabemos más que los demás.
Y quizás uno de los mayores ejercicios de liderazgo sea reconocer cuándo debemos bajarnos.
Escuchar. Pedir ayuda. Rodearnos de personas mejores que nosotros —otra de las recomendaciones de Bayón—, reconocer un error y entender que el respeto no viene incluido con ningún cargo. No necesitamos líderes perfectos. Necesitamos liderazgos diferentes, conscientes de su impacto y conectados con un propósito.
Y está esa sed que nos están generando las redes sociales por aparecer, por alimentar un culto al ego, por mostrar cuánto se factura o cuántas personas nos siguen en redes sociales.
La pregunta que deberíamos hacernos con mayor frecuencia es para qué queremos liderar, qué decisiones necesitamos tomar hoy para el planeta y la sociedad que necesitamos en cinco años, y qué ocurre con los demás mientras tomamos esas decisiones.
La opinión expresada en esta entrada de blog es de exclusiva responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Pacto Global Red Colombia.
Comentarios