La última noche del año tiene mucho de teatro, de superstición y de tradición doméstica. Algunos están convencidos que si comen doce uvas, el universo tomará nota para sorprenderlos con milagros; que si sacan la maleta a dar una vuelta, viajaran más; que si usan ropa interior de algún color la buena suerte les sonreirá. En fin el Año Nuevo es esa fiesta global en la que todos juegan a creer que tenemos un botón mágico para asegurar que se van a cumplir los deseos. Y ojalá que así sea: las personas necesitan esperanza y nosotros necesitamos ser nuestros propios protagonistas, en particular los 31 de diciembre.
Por eso estoy proponiéndoles un ritual distinto, igual de simbólico, pero mucho más poderoso que las lentejas en el bolsillo o meterse debajo de la mesa o meterse al mar: Nada sofisticado, nada solemne… pero sí profundamente retador. Solo requieren papel, lápiz y actitud. Y aquí viene la instrucción: escriba cinco cosas en cinco categorías distintas. Y ahora les cuento por qué.
Para los que necesitan la explicación sobre por qué cinco: Porque cinco es un número profundamente humano: tenemos cinco dedos en cada mano, cinco sentidos para entender el mundo y, dicen los filósofos, hasta cinco dimensiones emocionales para interpretar la realidad. El cinco es manejable, concreto, alcanzable. Diez abruma, tres se queda corto. Cinco exige pensar, pero no paraliza. Además, el cinco es equilibrio: ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no alumbre.
Vamos al ejercicio. La invitación es a escribir:
Si hace el ejercicio completo, descubrirá algo hermoso: el 31 de diciembre deja de ser solo ruido, abrazos apurados y promesas gaseosas, para convertirse en un momento de lucidez. El futuro deja de ser una lotería y empieza a ser un proyecto. Y el pasado, incluso el difícil, se vuelve maestro.
Haga el intento en familia o con amigos: Cinco razones para agradecer, cinco orgullos, cinco lecciones, cinco deseos para usted y cinco para los suyos. Veinticinco pensamientos entretenidos que le provocaran risas secretas desde el corazón, miradas tiernas o de complicidad y al final entretienen más que cualquier ritual supersticioso.
Porque el mundo necesita economías fuertes, sí; pero también necesita personas con esperanza, propósito y gratitud. Y eso, créalo, también mueve el PIB de la vida.
Bienvenido Año Nuevo !
Artículo publicado originalmente en La República
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