Dormir ocho horas y amanecer con cara de zombi es ya la nueva normalidad. Sabemos que la realidad local y mundial parece estar diseñada como un videojuego: villanos con poder destructivo, tráfico insufrible, jefes enloquecidos, chats con chistes malos y noticias de lugares que nadie sabía que existían, que, en vez de arrullarnos, nos roban la tranq...